“De Percepciones y otras cosas” : Alberto León

Uno escucha mucho la palabra “percepción” en estos tiempos que corren. Algunos la emplean para defender ciertos temas, y los otros para significar exactamente lo contrario. Se discute mucho a su alrededor, y no faltan las afirmaciones chuscas en las que se comenta que un asalto efectivamente perpetrado es solamente una percepción y no una realidad, un hecho consumado.

Uno no atina a saber, a ciencia cierta, si todos los que empleamos el término entendemos lo que realmente significa, y si no es solamente una tendencia usarlo para sostener tal o cual postura.

En todo caso, si la percepción es un proceso interpretativo de lo que acontece en la realidad, lo que la hace subjetiva, no quiere decir que no represente precisamente a la realidad de la que se habla. Se vuelve un verdadero galimatías el empleo del término, y uno cree que acabamos por dejar de lado su esencia para transformar el término simplemente en un campo más de batalla de los unos y los otros. En fin.

Existen temas en los días que corren que son mucho más que percepción y que llaman
poderosamente la atención de algunos de los tabasqueños que caminamos bajo nuestra parte de sol tropical. Ya estamos en los tiempos de feria y ello supone para muchos, diversión, pero para otros implica motivo de escándalo y dispendio. Uno no conoce a fondo cómo se organiza este evento anual, ni lo que sus organizadores deben hacer para ofrecer a la población tabasqueña este espacio de entretenimiento.

Muchas descalificaciones por ciertas manifestaciones populares, observaciones por el manejo administrativo de algunos puntos y cosas por el estilo son frases que se escuchan en casi todas las reuniones posibles a las que uno acude.

Seguro será también un tema de percepción, vaya usted a saber. Lo cierto es que habrá feria y ello dará tema para un buen rato, desde lo frívolo hasta lo verdaderamente profundo.
El festejo permitirá una pausa de temas como el excesivo adelantamiento de los asuntos que tienen que ver con procesos electorales aún lejanos por casi un año en nuestros calendarios.

Incluso noticias como la de Javier Duarte será cubierto, al menos localmente, por el proceso de selección de la Flor Tabasco, así como por las noches de juerga y desvelo que el “palenque” ofertará a los tabasqueños que puedan asistir. Uno recuerda que hace ya muchos años, más de los que quisiera recordar, uno iba al palenque a ver las peleas de gallos y a degustar una bebida espirituosa, la menos cara posible, y listo. Hoy las cosas son diferentes, pero pues así es la vida.

Uno cree, o mejor, percibe, para darle uso al término de moda, que la diversión está bien porque ayuda a reponer actitudes. Pero uno también percibe que es necesario que nos demos el tiempo suficiente para la reflexión seria y para el trabajo sostenido en el ámbito que a cada quién le corresponda para no llegar al final del próximo año cargando solamente con culpas y reproches.

Siempre habrá cuentas por pagar. Uno cree que es sumamente difícil llegar al punto de total satisfacción en todos los sentidos posibles. Uno ha supuesto en más de una ocasión que, en realidad, la única satisfacción cumplida es la satisfacción de sentirse plenamente insatisfechos.
Como si nos gustara mucho no llegar a la meta para tener entonces el placer de la crítica, la denostación y la sentencia de los otros.

En lo local tenemos pendientes; en lo nacional las facturas por pagar se acumulan; en lo
internacional las luces rojas están casi encendidas y percibimos vientos tenebrosos que parecen radicalizar las posiciones de los individuos y las naciones.

Uno cree, siempre ha creído, que la Historia no es cíclica, no se repite pues. Nos repetimos los hombres y nuestras decisiones, lo que produce necesariamente que retornemos a lugares comunes que parecieron en el pasado solucionar nuestros problemas. Eso, a uno al menos, le parece altamente riesgoso para todas las especies que pueblan el planeta.

Uno, tontamente, sigue creyendo o percibiendo que esta piedra llamada Tierra no nació con fronteras ni cosas parecidas. Las delimitaciones que la naturaleza parece haber puesto para marcar lugares no son eso, son interpretaciones nuestras, acomodaticias, para justificar nuestros deseos de marcar distancias y diferencias. Incluso las montañas, las cordilleras, los océanos y los ríos, no son sino distintivos que embellecen los paisajes, y no muros infranqueables diseñados para impedirnos la comunión con todas las tierras y las especies.

Pero tal vez, y quizá en realidad, esto no sea sino una percepción propia, y tal vez resulte ser que no existe el calentamiento global ni la discriminación ni la polarización de las sociedades. Será que eso solo está presente en la complicada mente de algunos de nosotros, que no caminamos por las polvorosas rutas de “la verdad” que nos determinan los poderosos de hoy.

En fin, por ahora prefiere uno disfrutar de lo que hay, sea realidad o percepción. Ah, me olvidaba que son la misma cosa, porque uno no puede percibir lo que no existe en la realidad. O eso dicen los estudiosos de la Lógica y la Psicología, por lo menos.

Con respeto,

Alberto León

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